Jhovana Vota es una joven parralense que sueña con conquistar las estrellas. Su formación en ingeniería mecatrónica la ha llevado ya a estancias en Japón y recientemente a Polonia donde participó como astronauta análoga en la misión internacional M6.26, aplicando sus conocimientos en robótica, investigación científica y operación bajo condiciones similares a las del espacio.
Con apenas 22 años de edad, la parralense fue aceptada para participar en una misión aeroespacial análoga en Polonia en donde integró un equipo de siete científicos para desarrollar proyectos que favorezcan a la exploración en entornos espaciales, principalmente la Luna.
Durante su estancia formuló un prototipo de un brazo robótico con tres grados de libertad para un rover, además de que inició una investigación para monitorear el cerebro y el desempeño cognitivo de los astronautas mediante una interfaz cerebro – computadora.
Su cargo fue Ingeniera de Misión y su objetivo fue liderar al equipo durante las caminatas extravehiculares. Cabe señalar que su investigación fue presentada en un Congreso de Aeronáutica en Turquía y por ahora, tras concluir sus actividades científicas en el extranjero regresará a México para seguir preparándose y convertirse en una astronauta.
Una misión lunar análoga en Polonia
En entrevista explicó que la compañía LunAres, ubicada en Piła, Polonia, se dedica a formular espacios simulados del espacio para estudiar el comportamiento de las personas en entornos que figuren el aislamiento durante las misiones a la Luna. Fue creada hace casi una década y su objetivo es servir como un banco de pruebas para estudiar los efectos psicológicos y fisiológicos del aislamiento, el confinamiento y los retos de misiones espaciales de larga duración en un entorno controlado.
La parralense fue aceptada para participar en un proyecto que tuvo una duración de dos semanas, mismas en donde estuvo aislada creando, liderando y gestionando para permanecer junto a otras seis personas en las misiones lunares que les asignaban día a día como parte del itinerario. Según narró, los organizadores estructuraban una jornada diaria con actividades que hacían sentir como si estuvieran en una misión lunar real.
Desde las 7:45 de la mañana, hora en que se despertaba, se realizaban chequeos médicos para vigilar su estado de salud revisando aspectos como la presión arterial, el pulso, la temperatura y el peso. Su cargo fue Ingeniera de Misión y las labores que realizaba era de gestión: “Tenía que ver el consumo de agua y de energía porque en una misión espacial cada recurso debe administrarse adecuadamente, y no solo eso, sino también las comidas, sus calorías tanto del desayuno, la comida y la cena”, señala.
Como tripulación se establecían objetivos del día registrando todo en bitácoras para llevar un antecedente y al finalizar el día se reportaban los incidentes, los objetivos logrados y los retos que se presentaban para formularse a los siguientes días u horas. Dentro de la rutina también había espacio para hacer ejercicio y al igual que el despertar, antes de dormir se realizaba nuevamente chequeos médicos.
Vota Torres narró que de este modo, sus actividades iniciaban desde las 7:45 de la mañana y se prolongaban hasta las 9:00 o 10:00 de la noche y todas con la debida revisión, llenado de formularios, registro de bitácoras y demás para establecer realidades que sirvan como punto de investigación científica.
Una misión dentro de espacios simulados
Como parte de las actividades técnicas o científicas que realizaban, el equipo se distribuía labores variables y alternaban; desde liderazgo hasta ejecución de planes o el llenado de formularios. Jhovana relató que en ocasiones le tocó ser líder en misiones de caminatas extravehiculares, es decir, salir del hábitat hacia el terreno lunar simulado para realizar tareas como cambiar baterías, manipular equipos o aplicar procedimientos establecidos.
Narró que el entorno lunar tenía cráteres, rocas y características propias diseñadas para reproducir condiciones de trabajo similares a las que se enfrentan en una misión lunar. Asimismo, explicó que también utilizaron sistemas de comunicación como el morse y el alfabeto fonético de la OTAN para simular protocolos de operaciones aeroespaciales.
La misión, además de preparar al equipo para posibles viajes al espacio, tiene como objetivo estudiar cómo se desempeñan una tripulación en espacios cerrados y durante un tiempo prolongado de aislamientos. Particularmente, Jhovana contó que su gusto eran los retos matemáticos que les presentaban en momentos claves para activar el análisis de la tripulación.
En cinco días, Jhovana desarrolló un prototipo de brazo robótico
Reducir la carga de trabajo de los astronautas durante actividades de exploración fue uno de los desafíos que llevó a la investigadora parralense a desarrollar un prototipo de brazo robótico, proyecto que logró construir y poner en funcionamiento en apenas cinco días como parte de sus actividades de ingeniería.
El dispositivo fue diseñado para incorporarse a un rover y permitir la manipulación de objetos sin que el astronauta tenga que realizar directamente todas las tareas. La idea parte de una necesidad práctica: facilitar actividades sencillas durante los recorridos y disminuir el esfuerzo físico que implica trabajar con el traje y el equipo utilizado en este tipo de entornos.
El prototipo cuenta con tres grados de libertad, lo que le permite realizar diferentes movimientos para posicionarse y manipular objetos. En uno de sus extremos incorpora un gripper o pinza, encargado de sujetar los elementos que se requieran durante una operación.
Para desarrollar el sistema, la investigadora recurrió a herramientas de programación y electrónica, entre ellas Arduino, utilizado para el control del dispositivo, así como comunicación serial para transmitir las instrucciones. El funcionamiento también fue vinculado con un programa desarrollado en Python, desde donde podía controlarse el movimiento del brazo.
Uno de los elementos del proyecto fue el desarrollo de una interfaz gráfica de usuario, que permitió operar el prototipo mediante controles visuales. A través de esta interfaz era posible enviar instrucciones al brazo y modificar sus movimientos, convirtiendo el sistema en una herramienta de interacción entre el operador y el mecanismo robótico.
El trabajo implicó pasar de una idea inicial a un prototipo funcional en un periodo particularmente corto. En solo cinco días se realizaron las etapas necesarias para plantear el diseño, programar el sistema, establecer la comunicación entre sus componentes y realizar las pruebas correspondientes para comprobar sus movimientos.
Más allá del prototipo, el proyecto plantea una aplicación que podría ser útil para futuras operaciones de exploración, especialmente en actividades que requieran manipular herramientas, recoger objetos o realizar tareas repetitivas. La intención es que los robots puedan asumir parte de estas labores y permitir que los astronautas concentren sus esfuerzos en actividades que requieran directamente su intervención.
Vota Torres continuará trabajando en el desarrollo del brazo robótico para futuras misiones. Debido a las condiciones de aislamiento, el proyecto tendrá seguimiento de manera virtual, con la intención de perfeccionar tanto su funcionamiento como las posibilidades de aplicación del mecanismo.












