La violencia de género no es un problema que afecte exclusivamente a las mujeres. Aunque los hombres representan una proporción menor de quienes buscan ayuda, también pueden ser víctimas de agresiones dentro de sus relaciones de pareja y en otros espacios, una situación que con frecuencia permanece oculta debido a los estereotipos que los colocan como la parte fuerte y dominante.
José Elías Anaya Guerrero, coordinador de Casa Equidad, explicó que uno de los principales obstáculos para los hombres es reconocer que determinadas conductas que han normalizado durante años también constituyen violencia. Golpes, insultos, burlas, apodos, amenazas, control y agresiones emocionales pueden ser minimizados por las propias víctimas, al considerar que se trata simplemente de celos, enojo o una manera habitual de relacionarse.
“Pareciera que como hombres asumimos que somos la parte fuerte, la parte que tiene como esa parte de control y dominio, entonces difícilmente como hombre voy a aceptar que alguien me está violentando”.
El especialista indicó que la violencia puede comenzar con acciones aparentemente menores y avanzar gradualmente hacia agresiones más graves. Entre las conductas que pueden presentarse están las burlas constantes, descalificaciones, insultos, amenazas, control de la pareja, agresiones psicológicas y emocionales, así como golpes, empujones, cachetadas y otras formas de violencia física.
También existen presiones relacionadas con los roles tradicionales asignados a los hombres. En una relación de pareja, por ejemplo, se puede dar por hecho que ellos deben pagar los gastos, resolver problemas domésticos, saber de electricidad, plomería o reparaciones, además de cumplir con una serie de expectativas sobre lo que significa “ser hombre”. Cuando esas exigencias se convierten en una forma constante de presión, pueden contribuir a relaciones violentas y a la normalización de conductas dañinas.
A esta situación se suma la dificultad para acceder a la justicia. De acuerdo con el coordinador de Casa Equidad, algunos hombres que han intentado denunciar agresiones aseguran que sus casos son minimizados o que las autoridades no les permiten formalizar la denuncia. El problema se vuelve mayor porque, de por sí, son pocos los hombres que se animan a buscar ayuda por temor a ser juzgados o cuestionados por su entorno.
“Muchos compañeros nos encontramos con una problemática de que muchas veces sus demandas no quieren ser escuchadas y la autoridad las minimiza, o inclusive muchas veces muchos hombres que terminan hablando porque hay una situación de violencia en casa, cuando llega la autoridad automáticamente a quien quiere detener, a quien quiere culpar, es a ellos”.
Anaya Guerrero señaló que en Casa Equidad han identificado casos de hombres que acuden por procesos de justicia familiar y que, al hablar de sus experiencias, refieren haber intentado presentar una denuncia sin obtener respuesta. Sin embargo, explicó que no existe un registro amplio de denuncias de hombres víctimas de violencia, precisamente porque en algunos casos no llegan a levantarse o simplemente no proceden.
Frente a este panorama, Casa Equidad mantiene grupos de reflexión dirigidos a hombres, donde se busca que los participantes cuestionen los modelos tradicionales de masculinidad, reconozcan sus propias conductas violentas y puedan identificar también las agresiones de las que son víctimas. La intención, explicó el coordinador, es generar espacios donde puedan hablar de sus emociones y experiencias sin reproducir los mismos prejuicios que dificultan pedir ayuda.
Los grupos de Casa Equidad se realizan en calle 20 de Noviembre número 4733, colonia El Colegio. Los horarios de atención y reflexión son martes de 10:00 de la mañana a 12:00 del medio día; miércoles de 9:00 a 11:00 de la mañana; viernes de 9:00 a 11:00 de la mañana, y sábados de 9:00 a 11:00 mañana y de 11:00 de la mañana a 1:00 de la tarde.












