Carlos, mejor conocido entre coleccionistas y clientes como El Perro, asegura que las antigüedades no se venden únicamente por su precio, sino por los recuerdos y la historia que representan.
Tras casi tres décadas dedicado al oficio, decidió abrir un nuevo espacio sobre la avenida Vicente Guerrero, luego de haber sido uno de los primeros comerciantes del Bazar del Monumento a Juárez.
“Empezamos como diez nada más”, recuerda. En aquellos años predominaban los libros, la música y las artesanías, hasta que él comenzó a llevar piezas antiguas de colección, lo que poco a poco atrajo a más vendedores especializados.
Para Carlos, el verdadero valor de los objetos que pasan por sus manos es incalculable, pues muchos son piezas únicas que difícilmente volverán a aparecer en el mercado.
Incluso explica que algunas de las piezas que exhibe suelen generar confusión entre quienes desconocen el contexto histórico. “A veces traigo banderas de los nazis y creían que yo estaba dentro de eso y les digo, no, es que esa es historia”.
A lo largo de 28 años ha comercializado desde obras originales atribuidas a David Alfaro Siqueiros, objetos de los siglos XV y XVI, hasta artículos que parecen sacados de un museo.
Entre las piezas más sorprendentes que recuerda se encuentra un antiguo juguete de la época romana, además de una daga con una historia extraordinaria.
“Yo aquí he vendido obras originales de Siqueiros, pinturas a muy buen precio. He traído cosas de los años 1400. Una vez me salió un juguete romano que había estado en un museo. También una daga; esa se la robaron de un museo durante el Vietcong, en Vietnam, y llegó aquí a Estados Unidos y yo la vendí aquí, con toda la historia”.
También han pasado por su puesto armaduras japonesas de más de 400 años de antigüedad, cámaras cinematográficas alemanas utilizadas durante la década de los años cincuenta, uniformes militares europeos, cascos de tanques y una extensa colección de cámaras fotográficas y de cine mecánicas que aún funcionan.
Explica que gran parte de estos artículos provienen de colecciones privadas de Estados Unidos, donde las familias suelen vender las pertenencias de sus padres o abuelos tras su fallecimiento, debido a que las nuevas generaciones ya no conservan el mismo apego por esos objetos.
“Nosotros les damos una nueva historia y un nuevo hogar”, comenta. Aunque la mayoría de sus compradores provienen de El Paso, Texas, también recibe visitantes de distintas partes de México e incluso clientes extranjeros, entre ellos coleccionistas asiáticos que acuden específicamente en busca de piezas difíciles de encontrar.
Más que un comerciante, Carlos dice haberse convertido en un guardián de memorias. Asegura que con el paso del tiempo dejó de aferrarse a las piezas y ahora disfruta más ver la emoción de quienes encuentran un objeto que les recuerda a un familiar o a una etapa de su vida.
“Si algo te hace feliz, qué bueno. A mí ya me hizo feliz tenerlo; ahora qué bueno que tú te lo puedas llevar”, afirma.
Actualmente, su espacio sobre la avenida Vicente Guerrero exhibe una mezcla de historia universal, con cámaras alemanas, equipos cinematográficos de película, uniformes de piloto, cascos militares, maquinaria antigua y decenas de objetos cuya antigüedad, rareza e historia convierten su colección en un pequeño museo al aire libre para quienes disfrutan descubrir el pasado a través de sus objetos.












