La reciente aparición pública de la gobernadora Maru Campos buscó atajar versiones sobre posibles cambios en la Fiscalía estatal, pero terminó centrando la atención en otro frente: la creación de una unidad especial para investigar el ataque ocurrido el 19 de abril, en el que murieron cuatro agentes, incluidos dos estadounidenses.
El anuncio, más operativo que político, desplaza momentáneamente la discusión sobre la permanencia de César Jáuregui Moreno, cuya continuidad sigue sin definirse de manera explícita.
La nueva unidad, encabezada por Wendy Paola Chávez Villanueva, tendrá como eje no solo el esclarecimiento del ataque, sino también el desmantelamiento de un campamento y presunto narcolaboratorio en la zona cercana a Guachochi.
El movimiento implica reconfigurar prioridades dentro de la estructura de la Fiscalía, al separar temporalmente a la funcionaria de su encargo previo para concentrarla en una investigación de alto impacto, con implicaciones locales e internacionales.
Sin embargo, el silencio en torno a la relación con autoridades federales abre más interrogantes que certezas.
Mire, la falta de detalles sobre el encuentro con el secretario de Seguridad Pública federal, así como la ausencia de postura respecto a la comunicación con la Presidencia, deja espacio a interpretaciones sobre la coordinación intergubernamental.
El énfasis de la mandataria en mantener abiertos los canales de comunicación, incluso con instancias extranjeras, sugiere una estrategia que busca respaldo más allá del ámbito estatal, mientras el escenario político interno permanece en suspenso.
El escenario descrito plantea una confrontación abierta entre tres frentes: grupos del crimen organizado enfrentados entre sí y al mismo tiempo, en choque con las fuerzas del Estado.
Es decir, Chihuahua contra el crimen y contra la federación no responde a una lógica lineal, sino a disputas simultáneas por territorio y control, lo que complica cualquier intento de contención y vuelve más impredecible la violencia.
A la par, se evidencian tensiones entre corporaciones y niveles de gobierno, lo que debilita la coordinación en materia de seguridad.
La falta de una estrategia común y los desencuentros institucionales terminan por abrir espacios donde los distintos actores en conflicto operan con mayor margen, prolongando los enfrentamientos.
El resultado es un entorno donde la violencia se dispersa y se intensifica, mientras la respuesta oficial parece ir por detrás de los hechos.
El reto no solo pasa por contener a los grupos en pugna, sino por fortalecer la coordinación y reducir las fisuras dentro del propio aparato de seguridad.
El alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, calificó como injusta la orden del Instituto Estatal Electoral para que la senadora Andrea Chávez retire lonas con su imagen, en un contexto donde la propaganda política vuelve a poner sobre la mesa los límites de la responsabilidad individual.
El edil planteó que se trata de un asunto complejo, sobre todo cuando los materiales se encuentran en propiedades privadas, lo que abre un debate sobre hasta dónde puede atribuirse directamente a una persona la colocación de este tipo de publicidad.
“Es un tema complicado. Inclusive la decisión me parece injusta, porque cómo puede alguien acusarla a ella de que colocaron esa lona”, expresó.
Más allá de su postura, el presidente municipal dejó claro que acatará lo que establezca la ley, incluso ante cuestionamientos sobre si aplicaría el mismo criterio en casos donde aparece su propio nombre en distintos puntos de la ciudad.
Señaló que también debe considerarse el respeto a la propiedad privada y la privacidad, por lo que no descartó que el caso pueda revisarse en otras instancias.
Mientras tanto, sostuvo que se mantendrá atento al desarrollo del proceso, en un escenario donde las decisiones electorales suelen generar interpretaciones encontradas.
La discusión sobre la propaganda en bardas volvió a poner bajo presión al Instituto Estatal Electoral de Chihuahua, que enfrenta quejas ciudadanas por anuncios colocados sin autorización y por la percepción de una respuesta limitada.
La consejera presidenta, Yanko Durán Prieto, explicó que el organismo revisa cada caso de forma individual, en función de las pruebas presentadas, lo que puede derivar en resoluciones distintas incluso ante situaciones que parecen similares.
“Nos llegan las denuncias y nosotros tenemos que analizar los casos concretamente”, afirmó, al subrayar que el Instituto actúa como autoridad administrativa sujeta a un marco legal específico.
El problema de fondo, según la propia funcionaria, está en los márgenes que fija la ley.
Mientras en algunos expedientes se han dictado medidas cautelares, en otros se ha determinado que no hay infracción, especialmente cuando entran en juego criterios como la libertad de expresión.
“Hay una ponderación que se hace y así está en los precedentes y en la jurisprudencia”, explicó.
Durán Prieto reconoció que existe molestia social, e incluso frustración dentro del propio Instituto por no poder ir más allá en ciertas sanciones: “Entendemos la molestia de la ciudadanía, pero también nosotros a veces sentimos cierta frustración, porque quisiéramos ir más allá, pero estamos limitados por la ley”.












